Para tratar de poner fin al cisma de Occidente, tiene lugar la ceremonia de apertura del Concilio de Pisa en la catedral de dicha ciudad. Al final, en lugar de obtener el resultado deseado, todo se complicará hasta el extremo de que la cristiandad quedará dividida en tres en lugar de en dos, al elegir este Concilio a un tercer Papa, Alejandro V, que será sucedido por el antipapa Juan XXIII.