El emperador Teodosio el Grande promulga en Tesalónica la constitución Cunctos Populos ordenando a todos los pueblos sometidos a su obediencia la adhesión al cristianismo, convirtiéndolo en la religión oficial del Imperio. En realidad, esta ley es una certificación del alto nivel de cristianización que tiene la sociedad romana y una medida de cohesión política del Estado, en estos momentos en que se halla en franca disolución.