Tras haber hecho ejecutar a todos los miembros de la familia Omeya que pudieron encontrar, Abbu-Abbas, apodado al Saffa "el que derrama sangre" por este hecho, es reconocido califa, iniciando así el califato abasí que reinará durante cinco siglos, hasta 1258. Los Omeyas que pudieron huir, se dirigirán a al-Andalus (España), mandados por Abd al-Rahman I, donde establecerán un califato Omeya hasta comienzos del siglo XI.